Una paciente cuya migraña había llegado a condicionar prácticamente toda su actividad personal y profesional y un paciente con importantes secuelas motoras y sensitivas tras un ictus hemorrágico son dos de los casos atendidos en la Unidad de Neuromodulación Transcraneal del Hospital Universitario Viamed Santa Elena, en Madrid, dirigida por el Dr. Joubin Keyhani.
Eva y Javier presentan patologías, objetivos terapéuticos y procesos de recuperación completamente diferentes. En ambos casos, la neuromodulación transcraneal no invasiva se ha incorporado a un abordaje individualizado con el objetivo de actuar sobre determinadas redes cerebrales y complementar otras herramientas terapéuticas y rehabilitadoras.
Quince sesiones para una migraña que había condicionado toda su vida
Cuando Eva llegó a la Unidad, la migraña había dejado de ser para ella únicamente un problema de dolor. Los episodios habían ido limitando progresivamente su actividad hasta afectar de forma muy importante a su vida personal, profesional y familiar. En mayo de 2024 se encontraba emocionalmente muy afectada y situaciones cotidianas como asistir a un cumpleaños, una graduación o compartir determinadas actividades con su entorno podían resultar incompatibles con el dolor.
Había abandonado buena parte de las actividades que formaban parte de su vida y llegó a la Unidad después de buscar diferentes alternativas y con la sensación de encontrarse ante uno de sus últimos recursos. Tras la valoración clínica se estableció un protocolo de 15 sesiones de neuromodulación transcraneal. Eva refiere que, a medida que avanzó el proceso, pudo recuperar progresivamente actividades de su vida personal y profesional y, tras completar el tratamiento y seguimiento correspondiente, recibió el alta.
Para ella, uno de los cambios más relevantes no se mide únicamente en términos de dolor: “Quería volver a tener ilusión, volver a tener vida y volver a ser yo; volver a ser esa persona que la migraña hizo que dejara de ser”. La paciente destaca también el impacto que la enfermedad había tenido sobre su entorno familiar. La imposibilidad de planificar actividades o participar en determinados momentos afectaba no solo a su día a día, sino también al de las personas que convivían con ella.
Recuperación motora tras un ictus dentro de un abordaje multidisciplinar
El caso de Javier parte de una situación completamente distinta. Javier sufrió un ictus hemorrágico que afectó a los ganglios basales derechos, con secuelas en el lado izquierdo de su cuerpo. Entre las consecuencias iniciales se encontraba una afectación motora muy importante del brazo izquierdo, que quedó prácticamente sin función, además de una alteración relevante de la sensibilidad.
Su proceso de recuperación se ha planteado desde la combinación de diferentes especialidades y estrategias rehabilitadoras. La neuromodulación transcraneal se ha incorporado como una herramienta complementaria dentro de ese proceso, y no como tratamiento aislado. Actualmente Javier ha recuperado movilidad en el brazo izquierdo, aunque continúa presentando algunas secuelas.
Entre ellas persiste una percepción sensitiva diferente en el lado afectado: estímulos cotidianos como el contacto físico o la entrada en agua fría pueden ser percibidos de una manera muy distinta respecto al lado derecho. También refiere algunas alteraciones perceptivas, como episodios en los que puede omitir inicialmente la primera palabra de un texto o no identificar el primer número situado ante él.
En su caso, el protocolo de neuromodulación utilizado incluye estimulación inhibitoria sobre determinadas áreas del hemisferio no afectado. Según explica la Unidad, el objetivo es modular el equilibrio de actividad entre ambos hemisferios dentro del proceso de rehabilitación neurológica.
“En el caso de Javier trabajamos la estimulación cerebral y la intervención cognitiva de forma simultánea. Mientras se realiza la neuromodulación, aprovechamos ese mismo tiempo para trabajar de manera activa funciones cognitivas que se han visto afectadas tras el ictus. El objetivo es que la estimulación y la rehabilitación cognitiva formen parte de un mismo proceso terapéutico, adaptado a las necesidades concretas del paciente», explica la Dra. Laura Burriel, neuropsicóloga de la Unidad de Neuromodulación Transcraneal.
La recuperación del miembro superior después de un ictus es precisamente uno de los ámbitos en los que se continúa investigando el uso de estimulación magnética transcraneal repetitiva como complemento de otras terapias rehabilitadoras. La literatura reciente muestra resultados de interés, aunque también señala heterogeneidad entre protocolos y diferente calidad de evidencia, por lo que no permite extrapolar el resultado de un paciente a otro.
Una misma tecnología, objetivos clínicos diferentes
Los casos de Eva y Javier permiten mostrar uno de los principios sobre los que trabaja la Unidad: la neuromodulación transcraneal no responde a un protocolo único aplicable de la misma forma a todos los pacientes. Antes de iniciar un tratamiento se realiza una valoración clínica y se establecen los objetivos que se persiguen. A partir de ahí se determina la técnica, el área cerebral sobre la que se intervendrá y los parámetros de estimulación adecuados para cada caso.
La estimulación magnética transcraneal utiliza una bobina situada sobre el cuero cabelludo para administrar pulsos magnéticos sobre áreas concretas del cerebro. Es una técnica no invasiva y los protocolos pueden diseñarse para aumentar o disminuir la excitabilidad de determinadas regiones, dependiendo de la indicación y del objetivo terapéutico.
La neuroplasticidad —la capacidad del sistema nervioso para modificar su organización y funcionamiento— constituye uno de los fundamentos sobre los que se estudian estas intervenciones. En ámbitos como la migraña existe igualmente investigación sobre diferentes modalidades de estimulación magnética transcraneal, aunque los resultados y el nivel de evidencia varían según el protocolo y la indicación concreta.
“La neuromodulación no consiste simplemente en colocar una máquina y estimular una zona del cerebro. Antes hay que valorar al paciente, entender qué problema estamos intentando abordar, establecer un objetivo y determinar si esta herramienta puede aportar algo dentro de su tratamiento”, explica el Dr. Joubin Keyhani, director de la unidad.
Por este motivo, desde la Unidad insisten en que los casos de Eva y Javier son experiencias individuales y no permiten predecir el resultado que obtendrá otro paciente con una patología similar. “Nuestro objetivo no es generar expectativas irreales. Hay pacientes en los que la neuromodulación puede tener indicación y otros en los que no. Lo importante es trabajar con criterios clínicos, evidencia científica y objetivos realistas”, concluye el Dr. Keyhani.
La actividad de la Unidad se extiende asimismo a la valoración y abordaje de otras patologías en las que la neuromodulación puede formar parte de una estrategia terapéutica individualizada, entre ellas el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), determinados trastornos adictivos, el deterioro cognitivo y algunas formas de demencia. En todos los casos, la indicación se establece tras una evaluación médica previa, atendiendo a la evidencia científica disponible, las características de cada paciente y la posible integración de la neuromodulación con otros tratamientos y especialidades.

