Asociación Española de Farmacéuticos de Letras y Artes (AEFLA)
https://aefla.org/pliegos/pliego161.pdf
PENSAMIENTO MÁGICO, MITOLOGÍA Y SANACIÓN
Pablo Martínez Segura
Desde el origen del pensamiento, un hito que no tenemos capacidad de situar en el tiempo de la evolución humana, nuestros antepasados han tratado de dar respuesta a lo que podríamos llamar las cuestiones inquietantes: ¿quién soy? ¿de dónde vengo? ¿por qué sale el Sol cada mañana? ¿qué significa la enfermedad? ¿y la muerte?
Las primeras respuestas a estas preguntas de las que tenemos noticia se producen ya en el Neolítico, el proceso progresivo de aparición de la agricultura y la domesticación de animales, en las llamadas cosmogonías, es decir, las distintas concepciones del universo que conforman el origen de las diferentes civilizaciones de la antigüedad. Para los sumeríos Nammu creo el cielo y la tierra; según los hindús el universo surgió del huevo cósmico Hiranyag; los egipcios se refieren al océano primordial Nun cubierto de tinieblas en el origen del tiempo; para los griegos todo empieza en un caos, un profundo vacío del que emergió Gea, la Tierra; y para los judíos, según lo recogido en el libro Génesis “en el principio Dios creo los cielos y la tierra y había obscuridad sobre la superficie y Dios dijo hágase la luz y la separó de la obscuridad y después dividió las aguas de la tierra”. Lo común en todas estas versiones, es que sobre cuestiones cuya explicación era inalcanzable para el entendimiento de aquellos seres humanos, su opción fue recurrir a una narración que satisficiera sus dudas. Algo que podemos considerar como pensamiento mágico al carecer de fundamentación empírica.
El pensamiento mágico está ligado tanto a la magia como a la religión. Según el antropólogo Julio Caro Baroja, las distinciones entre magia y religión son artificiosas. Los sujetos que desean una cosa, buena o mala, suelen recurrir a un tercero que esencialmente es un mago o un sacerdote, “uno conjura, el otro normalmente ora y sacrifica. Pero a veces también el sacerdote recurre a prácticas mágicas, a conjuros y el mago a oraciones y sacrificios”. Según indica, los monoteísmos han llevado a considerar la magia como un pacto diabólico, con el mal, y la religión como un pacto con dios, el bien. Otro, antropólogo, Claude Lévi Strauss, por su parte, sostiene que nuestros antecesores identificados como salvajes, fueron capaces de establecer completas explicaciones de su mundo, atribuyendo lo inalcanzable a un pensamiento mágico opuesto a lo que podríamos llamar pensamiento racional.
Situado ese escenario para nosotros tan remoto, vamos a tratar de buscar algunas conexiones con nuestra cultura y tradición. Ya hemos comentado, que lo que construyen para explicar el mundo en el que viven es un relato que es, genéricamente, la descripción de algo, y puede ser verdadero o totalmente imaginado. Los relatos considerados más trascendentes adquieren la categoría de mitos. Lo que llamamos mitología es el estudio del conjunto de mitos o relatos de una determinada cultura. Pues bien, en nuestro caso, en la sociedad española actual, la cultura de mayor influencia, aunque hay otras, es la greco-romana, y quizá uno de los ámbitos más evidentes es el de la sanación, posteriormente espacio sanitario.
Encontramos raíces griegas o latinas en la etimología del lenguaje anatómico descriptivo, en el nombre de numerosas plantas medicinales, la denominación de muchas enfermedades o la caracterización de algunas conductas. Dos figuras sobresalieron y su estela se ha prolongado más de mil quinientos años, son Hipócrates de Cos (460 - 380 / 70 a. de C.) y Galeno de Pérgamo (130 - 200 d. de C.). No obstante, durante el primer milenio antes de Cristo ya se había desarrollado una corriente sanadora en torno a la figura de Asclepio (Esculapio para los romanos) dios de la medicina y de la curación en la mitología griega, con un santuario o casa de curación en Epidauro, un tipo de centro que luego se multiplicó por todo el Mediterráneo oriental y central como destino de peregrinaciones. Toda la familia de Asclepio ejercía funciones sanadoras: Epíome, su mujer, calmaba el dolor; sus hijas Higea y Panacea, representaban respectivamente la prevención y la terapéutica, y de sus hijos varones, Telesforo era el símbolo de la convalecencia, Macaón era protector de los cirujanos, y Podalirio de los médicos.
Por profundizar en los mitos, que en el caso de los de la Grecia antigua tienen la cualidad de reflejar a la perfección los vaivenes de la conducta humana, cuentan que Asclepio fue educado con el centauro Quirón, el que curaba con las manos. Se trataba de un supuesto un inmortal herido en una pata por una flecha envenenada, que simultáneamente le provoca un agudísimo dolor continuo, y la sabiduría necesaria para curar las heridas de los demás. Quirón, imagen del centauro herido, lo es también de un debate sobre los límites de la terapéutica cuando ya no puede proporcionar alivio. Aun siendo inmortal pide a los dioses que le permitan morir (eutanasia) y que su muerte libere a otro condenado, Prometeo en este caso, castigado por los dioses por haber enseñado a los mortales a hacer fuego. Quirón elige morir por que no puede soportar el dolor, pero lo hace de forma generosa igualando el comportamiento de los actuales donantes de órganos.
Persiguiendo el hilo de este mito, el centauro Quirón era hijo de un inmortal, el dios Cronos, y de una mortal, la ninfa Filira. Como todos los relatos tiene varias versiones. Una de ellas, la que se acomoda a lo que queremos contarles, señala que Filira se sentía acosada por Cronos y le pide a Zeus que la transforme en yegua para poder despistarle. Cronos se entera del engaño y se transforma en caballo para forzar (violar) a Filira. Fruto de ese encuentro nace Quirón, un centauro mitad hombre y mitad caballo. Filira rechaza a la criatura y la abandona. No es un tránsito sencillo, Filira no soporta una maternidad impuesta desde el ejercicio de la violencia, pero pide y consigue de los dioses ser transformada en un árbol de tilo, reconocido desde la antigüedad por sus capacidades calmantes y relajantes. El profesor de Botánica de la Universidad de Barcelona, Pius Font i Quer (1888-1964), en su obra “Plantas Medicinales. El Dioscórides Renovado”, cuenta con detalle esta anécdota mítica.
Bibliografía
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